Ya era hora de que nos pasáramos por Salamanca a visitar a Raquel, que a la pobre la teníamos abandonada. Así que el sábado por la mañana, sin madrugar demasiado, montamos en el coche para llegar a Salamanca a la hora de comer, donde Sergio nos demostró su buena orientación guiándonos hasta el piso de Raquel sin mirar los mapas.
Y para toma de contacto, comenzamos yendo de tapeo, que preparar la comida da mucha pereza. Y menos mal que Raquel tiene amigas a las que preguntar donde ir a tomarlas; vergüenza debería darla desperdiciar sus estudios en Salamanca sin conocer estas cosas.

Y ya con el estómago complacido, comenzamos la visita relámpago por el casco antiguo de la ciudad, con la cámara siempre en la mano para que no se nos escape nada.

Y tras el largo paseo turístico, rumbo al Carrefour para hacer la compra y a casa para cenar y comenzar la fiesta con unas cervezas jamaicanas en el piso de Raquel (¿no pensaríais que fuimos a Salamanca solo a hacer turismo?). Tengo que reconocer que el cansancio me hizo retirarme un rato para echarme una pequeña siesta, y así recuperar fuerzas para salir por ahí.

Y después de esto, buff... que cansancio, la mañana del domingo para dormir tranquilitos, que ya le sacaríamos partido a la tarde para seguir conociendo un poco más de Salamanca.

Y ya de noche vuelta a León, orgullosos de un fin de semana bien aprovechado, y si a alguien no se lo parece, puede ver el resto de fotos de Sergio y mías.






























